¿Ser criadxs por la ausencia, las compañías de las calles, una estopa con thinner, frente a la pantalla de un dispositivo? ¿Crecer en un tipo de orfandad provocada por los trabajos infrahumanos en los que sus madres, padres o tutorxs sucumben? ¿Refugiarse en el cariño de reacciones, hashtags, seguidores, menciones y vistas? ¿Qué les queda? ¿Crecer y verse obligadxs a sobreponerse a su historia, guardar silencio y agachar la mirada, para ser asalariados precarios? ¿Someterse a un trabajo que los despoja de tiempo para cuidarse, descansar, disfrutar momentos de goce, desconectarse o convivir? ¿Ser resilientes frente a la explotación? Si logran crecer - que en este tiempo es sinónimo de sobrevivir - entre la violencia y el crimen, los feminicidios, las desapariciones, los secuestros, la narcocultura, las drogas sintéticas, la impunidad, la oferta y la demanda de cuerpos, las enfermedades de transmisión sexual, la ansiedad y el suicidio. ¿Qué les queda? ¿Huir de la miseria, la violen...
Estando en la cumbre hemos llegado al borde. Al alcanzar la cima, el siguiente paso lleva a una larga y mortal caída. El mundo civilizado, la modernidad, tiene como su máxima expresión el fin de la civilización, el fin de la humanidad y de cada humano. Evolucionamos para extinguir-nos. Progresamos para destruir-nos. Disciplinamos para someter-nos. Domesticamos para dominar-nos. Evolucionamos aprendiendo de la naturaleza. Progresamos destruyendo la naturaleza. Disciplinamos a quienes saquean y explotan la naturaleza. Domesticamos a quienes la consumen. Somos parte de un engranaje en el que cada acción que realizamos aporta a la devastación de la vida y de su futuro. Evolucionamos por instinto, para sobrevivir, y disciplinamos para arrebatar la vida. Una clara paradoja. Evolucionamos para disciplinarnos y domesticarnos entre las rejas de ese espacio que e...