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¿QUÉ LES QUEDA A LXS NIÑXS, ADOLESCENTXS, JÓVENXS?

 ¿Ser criadxs por la ausencia, las compañías de las calles, una estopa con thinner, frente a la pantalla de un dispositivo?

¿Crecer en un tipo de orfandad provocada por los trabajos infrahumanos en los que sus madres, padres o tutorxs sucumben?

¿Refugiarse en el cariño de reacciones, hashtags, seguidores, menciones y vistas?

¿Qué les queda?

¿Crecer y verse obligadxs a sobreponerse a su historia, guardar silencio y agachar la mirada, para ser asalariados precarios?

¿Someterse a un trabajo que los despoja de tiempo para cuidarse, descansar, disfrutar momentos de goce, desconectarse o convivir?

¿Ser resilientes frente a la explotación?

Si logran crecer - que en este tiempo es sinónimo de sobrevivir - entre la violencia y el crimen, los feminicidios, las desapariciones, los secuestros, la narcocultura, las drogas sintéticas, la impunidad, la oferta y la demanda de cuerpos, las enfermedades de transmisión sexual, la ansiedad y el suicidio.

¿Qué les queda?

¿Huir de la miseria, la violencia, el saqueo y el despojo? ¿Migrar?

¿Resignarse al reclutamiento, el horror y el exterminio? 
¿A dar muerte como forma de vida? ¿vida?

¿Mirar la guerra como entretenimiento? 
Videojuegos, películas, series, juguetes, ropa… 
Instagrameable, monetizable.

. . .

¡NO!

Les queda el derecho originario de ser aceptados, amados y cuidados

por su madre y su padre, 
por su madre o su padre, 
por sus madres o sus padres, 
por sus hermanos y hermanas;
apapachados en el seno de la gran familia humana.

Les queda la esperanza de que los adultos escapen
del letargo embrutecedor del neoliberalismo,
que los exprime hasta la enfermedad, la miseria y la muerte; 
y que despierten a la vida, para descubrirla y construirla juntos.

Les queda ver una, muchas, todas las manos abiertas, 
extendidas, cálidas, fraternas, hacia ellas, ellos, elles; 
dispuestas para enfrentar y detener la hecatombe;
dispuestas para organizarse y levantar muchos otros mundos posibles; 
prestas a tomarse unas con las otras y fraguar otras relaciones humanas, 
justas, dignas, libres.

Les quedan las amistades sinceras, mutuas, honestas;
la belleza de lo desconocido y el asombro de lo que están por conocer:
el amor, la fe, la esperanza, la fuerza; 
la incertidumbre, la desesperanza y la vulnerabilidad; 
la condición humana.

Les queda sentir. 
Les queda pensar. 
Les queda imaginar. 
Les queda comenzar.

Les quedan los juegos y las historias de sus ancestros; 
el presente y el porvenir;
hablar, decir su palabra, ser escuchados, gritar; 
indignarse, desobedecer, rebelarse, erguirse, arder, 
y ser fuego que renueva;
parir la historia de una, muchas, colectividades.

Les queda dudar, preguntar, 
reconocer y desconocer, 
criticar y comprender.

Les queda su niñez, su adolescencia y juventud, 
y les queda crecer,
vivos, sanos, felices, acompañados.

. . .

Nota:

Nos queda transitar hacia la comunalidad, 
encontrarnos en el lekil kuxlejal tzeltal, 
el sumak kawsai quechua,
en el ubuntu xhosa-zulú,
en el común.

Nos queda caminar, otra vez,
como niñxs, adolescentxs y jóvenxs, 
para mirar de nuevo
la belleza de lo desconocido
y abrazar con asombro lo que estamos por conocer.

Para mirar, otra vez, 
lo que queda y lo que, siempre, falta.


Ave Erre / Agosto 2024 - Abril 2025


*Una versión fue compartida durante el Encuentro (Rebel y Revel) Arte - Arte, Resistencia y Rebeldía hacia el Día Después, en el Caracol Jacinto Canek (Winikton, Tenejapa, Chiapas, México)



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